Spencer Tunick en México.
El trabajo de Tunick a estas fechas ha causado cierta expectación por una duda causada por los críticos de arte, ¿es arte o simple performance?
Las instalaciones colectivas de Tunick, según algunos críticos detractores son sencillas, efímeras e incluso banales.
La verdad de este personaje es que a favor de el, su estilo artístico tiene una convocatoria multitudinaria que ha llegado a acaparar en fotografía a mas de 18 mil personas desnudas.
Cualquiera que viviera en México venido de un país extranjero, supondría que a causa de los valores morales inculcados en nuestro país, sería un absurdo ver a más de 10 personas reunidas a espera de el flash de Tunick, sin Embargo, casualmente en un país como México, se encuentra registrada la mayor cantidad de gente posando para el fotógrafo de Middletown NY.
Para criticar el arte contemporáneo, debe también existir cierta contemporaneidad en los críticos, esto, a colación de que los detractores de Tunick suelen ser gente muy reconocida en la critica artística, pero también con una edad amplia y con ideas plenamente conservadoras.
Hablar de Tunick es sin duda, hablar de polémica, pues no es solo mirar miles de cuerpos desnudos, si no también, hablar de los lugares donde ha instalado a sus millones de seguidores, es hablar de colores naturales, es hablar de conversaciones con gobiernos conservadores y lograr los permisos necesarios.
Nunca antes en los términos de el arte contemporáneo se había visto tal arrastre de miradas hacia un artista y mucho menos de colaboradores de el mismo.
Ante este fenómeno la crítica ha enumerado múltiples peros para desacreditar a Tunick, pero ¿que no debería ser arte lo emanado del pueblo?
Aun en esa duda fluctúan muchos textos sobre Spencer en diarios y en sistemas informativos, cuando la crítica debería ser referida al por que no dejar que la gente siga involucrándose en estas formas de expresión.
En el zócalo capitalino era tal el nervio, la emoción y la adrenalina por desnudarse, aun cuando el frió arreciaba, que era también sorprendente, que ante esa temperatura física se emanara un calor humano por ser parte de un concepto artístico.
En la reciente exposición en la Universidad Autónoma de México, la máxima casa de estudios en el país, se respiraba también un dejo de curiosidad por las formas, por las texturas, por saber si el cuerpo de los visitantes del zócalo aquella mañana fría del domingo 6 de mayo de 2007 había creado arte.
¿Se puede descartar como arte aquello que una comunidad acallada hace por impresionar las pupilas de otros en cualquier rincón del mundo?
La respuesta a esta pregunta no está en la crítica de arte, simplemente radica en aquello que logra algún sentimiento sin la necesidad de un idioma más, que la simple belleza.
Las fotos de la instalación ya estan en el museo de la Universidad Nacional Auntónoma de México en CU.