México
Si alguien decidiera caminar un día por un lugar donde los colores del papel se van juntando con los grises de la contaminación, una calle donde el canto de los pájaros se va confundiendo hasta casi perderse con los gritos de los vendedores que ofrecen al por mayor cualquier clase de producto, estaría buscando caminar por México, una tierra de colores tan distintos como ella misma.
El arte colonia se pierde entre los edificios nuevos de los arquitectos modernos más reconocidos; el Palacio de Bellas Artes de Adamo Boari comparte la calle con la Torre Latinoamericana de Augusto Álvarez; el palacio postal, la casa de los azulejos, también son parte de esta esquina tan distinta y maravillosa como México.
Cuando uno llega al Centro Histórico, converge la majestuosidad de los antepasados y su Templo Mayor con la Catedral Metropolitana, uno de los santuarios más reconocidos por la fe católica; la plancha del Zócalo ha modificado su paisaje urbana, tuvo árboles y ahora es de puro asfalto, en invierno la vestirán los colores de los paseantes que acudirán a recrearse en la pista de hielo que se instalará ahí.
México, con sus mercados llenos de frutas, verduras, carne de diversos tipos, albergando tradiciones con sus puestos de tes medicinales, las piñatas de barro en las posadas y al mismo tiempo acogiendo los disfraces para el hallowen y cediendo sus espacios a los supermercados.
Ciudades tan históricas como antiguas, Querétaro y sus historias de Miguel Hidalgo y los libertadores; al norte del país Francisco Villa y su ejercito luchando y trazando por las calles más rutas de la historia de la libertad, el Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, símbolo de libertada para los más necesitados.
Cada estado de la República con su propia carga de colores, diversos conquistadores y sus civilizaciones aniquiladas por ellos y hoy, preservadas por la memoria de sus edificios, los Aztecas, Totonacas, Zapotecas, Tarahumaras que sobreviven marginas en la selva, Mayas que rescatan los recuerdos de la grandeza que un día cubrió a los habitantes de Chichen Itza.
Como dice Octavio Paz en su laberinto de la soledad, México es tan solo como cada uno de sus hijos, nosotros lo mexicanos que dejamos que la historia se nos olvide y olvidamos las raíces, nos tachamos de indio como la mayor ofensa y perdemos en el tiempo a los indios que nos dan identidad.
También están los otros mexicanos, los adoptados, que huyen de sus países por la guerras, los conflictos o simplemente llegan a México por que les gusta más el papel picado de mil colores que adorna las ofrendas, porque les gusta encontrar entre la selva los recuerdos vivos de nuestros antepasados.
Entre los adoptados esta ella, Remedios Varo, española de nacimiento pero unida a México con el movimiento surrealista y tras la invasión nazi a Francia, esta pintora que también hizo carteles de publicidad, se consagro a su arte en México donde también realizó su primera gran exposición.
Remedios, era gran amiga de Frida Kahlo, Diego Rivera y Leonora Carrington, otros grandes exponentes del arte en México, mentes brillantes que pusieron más color a la vida diaria de un país conservador y loco como México, que pintaron los murales que escriben más de nuestra historia, que definieron una época de verde limón y rosa mexicano.
Los sueños surrealistas de un país que se expande y se limita a si mismo, que es refugio de sueños para Remedios, casa para Trosky, censura para Diego y paleta de colores para todos aquellos que le tiene fe.
México y sus mexicanos, y vuelvo a Octavio Paz, “oscilamos entre la entrega y la reserva, entre le grito y el silencio, entre la fiesta y el velorio, sin entregarnos jamás”, dejamos que nos conquisten otras culturas, otras letras, imágenes y tradiciones que adoptamos y el mundo que se asombra de las nuestras.
Si alguien buscara a México, encontraría un país de mil colores, donde el tiempo parece por instantes detenido entre los monumentos antiguos y las civilizaciones que nos forjaron, y al mismo tiempo, avanza a pasos agigantados en algunas ciudades que se desarrollan con la modernidad.
México de mil pasiones, la sangre que hierve en un clásico de futbol; el Ángel de la Independencia, observador callado de mil victorias y de lagrimas de la derrota, la sangre que corre de las mexicanas muertas en el país sin haber encontrado la justicia, la libertad de vivir en sociedades de convivencia y el silencio de los que caen muertos luchando por su igualdad.
El país donde la justicia de la Revolución le llego a unos cuantos, donde la democracia parece ser una utopía inalcanzable, donde la educación más que un derecho parece un privilegio, la pobreza que alcanza más que el progreso y donde la gente aun sonríe.
Los mexicanos, con las fiestas de domingo inundan de ruido todos los rincones, las familias se juntan con cualquier pretexto y mira con esperanza el futuro que se aproxima, y ojalá se acerque lleno de mil colores, como el papel picado que adorna las ofrendas de los que se durmieron con la misma esperanza que nosotros.
La esperanza de que el tiempo un día se vuelva, un presente donde pasado y futuro al fin se reconcilien…para no variar El laberinto de la soledad.